En estos días no puedo evitar pensar en aquella película a medida que discurren los días de confinamiento.

Seguro que en cuanto la mencione te vendrá una sonrisa a la cara recordándola, pero no entenderás el por qué de mi idea paralela entre esta situación tan dura y aquella comedia con su punto romántico.

Te hablo de “LA MÁSCARA”, película en la que todos descubríamos a un Jim Carrey que parecía tener la cara de goma y a una maravillosa Cameron Diaz que bailaba como si hubiera nacido para ello.

El bueno de Stanley que trabaja en un banco y vive una vida que le parece aburridísima porque todos le toman el pelo y él no les planta cara ya que es de carácter pusilánime cuando se encuentra casualmente con una antiquísima máscara que es de un dios, Loki, el dios nórdico de la travesura y la maldad, casi por casualidad se la pone y se transforma en quien lleva por dentro y no se atreve a sacar por miles de razones.

No te haré un spoiler de la peli.

Pero hay un malo, porque en todas las películas  lo hay, es el eterno triángulo, el bueno, el malo y la chica, o la buena, la mala y el chico y, sucesivas alternativas.

Al malo la máscara le transforma en su alter ego, cada uno lleva dentro lo que lleva.

Y ante el momento que estamos viviendo el COVID-19 a cada uno le transforma en lo que tiene dentro, no hay mucho más que decir.

Lo vemos cada día en las noticias y los muchos programas que se extienden desde el amanecer a bien entrada la noche.

Es como si este invisible enemigo se hubiera transformado en nuestra particular máscara social, que hace que cada uno de nosotros exponga lo mejor y lo peor que tenemos en nuestro interior.

A la gran mayoría nos hace más solidarios, mas empáticos, más resolutivos, nos hace ver el gran trabajo que hacía unas semanas no valorábamos de gente que hoy llamamos  héroes a carrillo lleno y a plena voz por las ventanas a las ocho de la tarde.

A mí me gustaría que esto no se nos olvide en cuatro días cuando un miembro de Los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado  (sea cual sea el color de su uniforme) nos ponga una multa en cumplimiento de su trabajo no nos acordemos en nadie de su familia, por ejemplo, que  cuando un bancario nos diga que tenemos que esperar en la cola lo hagamos con educación, que cuando la cajera diga que no queda tal o cual artículo le respondamos con una sonrisa, que cuando  el médico nos dé una mala noticia no tenga que pedir que acuda el Vigilante de Seguridad porque se sienta amenazado, que entendamos que ser del equipo de limpieza de cualquier sitio es básico para un hospital o una ciudad y les tratemos con respeto y no tiremos nada por el suelo o allí donde estés, playa, bosque, etc., me gustaría que el chófer de autobús no tenga que discutir con un chaval por cualquier pijada y hayamos aprendido a valorar más la vida y las cosas importantes, como a los abuelos,  y sobretodo que sí nos acordemos a la hora de cumplir con nuestros deberes delante de una urna.

Porque quejarse en redes sociales es muy chulo, pero no es eficaz para reivindicar N A D A, que no se te olvide, el ejercicio de tus derechos empieza por la obediencia cuando te dicen que tienes una obligación, te mande quien te mande, estés de acuerdo o no, luego ya tendrás la libertad de hacer cambios porque no estés de acuerdo con las gestiones.

Pero qué fácil es quejarse y tener miles de likes cuando desde la comodidad del hogar no se ha sido capaz de gestionar la nevera, y con esto no disculpo cómo se están haciendo las cosas, pero quizás el silencio sería una ayuda, mas de lo que lo es malmeter y meter caquita.

Un like en una publicación controvertida hay que entender que es gratis, que no cuesta nada calentar un ambiente desde el sofá, por lo tanto, busca algo que hacer productivo y no te pongas otra mascara que la del amigo Stanley, la positiva, y no la del mafioso que se convertía en una amenaza.